I
El cielo es el trono de mi Dios,
La tierra el estrado de sus pies
Y siendo tan sublime mi Señor
A mi pequeño corazón vino a morar.
II
¡Oh qué grandeza! ¡Qué maravilla!
Por eso yo no quiero más pecar,
Yo quiero ser su santo templo
Donde su Espíritu pueda morar.
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