I
Jesucristo, el único Dios,
Cuando desde los cielos miró
A la raza caída,
Los escombros del hombre encontró,
Porque lo que el pecado dejó
Fue miserias y ruinas.
Y su Trono de Gloria dejó,
Y en su Nombre una senda trazó
A las almas perdidas,
II
Y su cuerpo en ofrenda ofreció,
Y hasta la misma tumba bajó,
Para darnos la vida;
Y al pecado el imperio quitó,
Y a la muerte, la muerte le dio,
Nos curó con su herida.
II
Jesucristo, el Hijo de Dios
Que en rescate del mundo lo dio,
Por su amor infinito,
Es digno de la bendición,
La alabanza, la gloria y honor,
Por siglos de los siglos;
A la Diestra de Dios se sentó,
Y su Espíritu Santo le dio
A su Iglesia bendita;
IV
Y por eso le damos loor,
Y esperamos con fe y devoción
Su segunda venida.
Y al pecado el imperio quitó
Y a la muerte, la muerte le dio,
Nos curó con su herida.
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